Fragmentos escritos de la conferencia "La posibilidad de la imagen", impartida por Víctor Olivares el mes de Mayo de 2007, en La Universidad del Sureste ante alumnos y profesores de Psicología.
Es importante considerar que la fotografía y el registro que de ella emana a comenzado a pernear diversas áreas que antes estaban vedadas, lo cual explica en cierto modo que esté parado frente a ustedes, tratando de mostrarles la capacidad de aplicación y análisis que puede surgir de las imágenes, y que muchas veces es soslayado.
La tecnología ha posibilitado y ampliado el campo de acción de la fotografía al trasladarla directamente al ciberespacio, insertándola así en lo que se conoce como medios electrónicos. Esta inserción está inicialmente posibilitada por la gran penetración de la Internet en la vida cotidiana y el uso de interfaces y lenguajes cada vez más amigable con el usuario estándar, así como lo que se conoce como hipertexto, es decir, la combinación de diversos tipos de registros en la búsqueda de una nueva posibilidad de crear conocimiento a través de la divulgación de la información.
Respecto al campo de acción fotográfico a nuestros días, es posible entender a la fotografía como un medio y a la vez como un fin en sí misma. Si observamos que puede ser una herramienta que permite explicar, registrar, demostrar o informar, como es el caso del fotoperiodismo, entendemos que la cámara nos está dando la posibilidad de plasmar a través de la subjetividad que encierra el acto fotográfico, -desde la selección de la toma, el encuadre y el momento en que uno decide capturar la imagen y cómo hacerlo-, un acto o una manifestación humana, el cual, adquiere matices al momento de volverse perpetuo, los cuales, podrán ser interpretados a través de otras subjetividades, que aún ante la misma referencia –en este caso, la imagen- pueden hacer sus propias conjeturas de lo que se les representa.
Es decir, la imagen, si bien nos es mostrada a todos con los mismos elementos por un lado, por el otro, ya la misma posición espacial del observador ante la imagen representa el primer acto que interviene en el proceso de reconocimiento ante una nueva subjetividad, lo que pretendo decirles es que es necesario considerar todos los elementos de “ruido” o “ubicación” que intervienen en el acto de observar, si se pretende comprender el porqué muchas veces la identificación, la interpretación y al final de cuentas el reconocimiento que realizamos al observar una imagen, estará influenciado por elementos ajenos a la experiencia, situación o estado emocional de quien la observa.
Para comprender mejor lo que trato de exponerles, es importante considerar que la imagen no representa una esfera aparte de la mirada –o ajena-, ya que estas posibilitan y aportan a la construcción de las imágenes, las cuales a su vez, erigen sus miradas; es decir, las representan. Con esto, es evidente que nos encontramos ante un diálogo constante entre la imagen y el observador. Y es a través del segundo que podemos afirmar que al interpretar las imágenes estamos también participando en un proceso de co-producción de su significación y su sentido. De algún modo somos co-autores de la obra, o si queremos verlo desde otra perspectiva, somos a la vez obra y autores, porque en ella nos representamos.
Si logramos que los elementos ajenos a la imagen intervengan de forma que el sujeto logre retener en un primer momento esa parcialidad estática de la realidad que se le presenta, se verá posibilitado a iniciar una interpretación a través de lo que se representa en la imagen, donde radica un significante, tanto en el orden de la singularidad subjetiva como en el campo de la vida social, es decir, la fotografía da la posibilidad de descubrir dos aspectos fundamentales de la existencia a través del goce estético, si es q este existe en la representación –imagen- de la que somos observadores.
Y aquí es donde se puede comenzar a hablar de la fotografía como fin, que es cuando se crea o produce una imagen con un fin artístico, es decir, sin utilidad alguna más que la del goce visual, a través de la armonía de los elementos que la componen, su creatividad o bien, el impacto que causa en el observador.
Sin embargo, no podemos dejar de considerar que existen obras que un principio fueron creadas con fines prácticos –es decir, como medios para-, y que terminaron siendo reconocidas como arte por su considerable contenido estético. Aquí es donde entra una fuerte discusión, ya que existen personas que no consideran a la fotografía como un arte, sin embargo, no se dan cuenta de que no existe un medio más exacto para resaltar la belleza de la realidad que se nos presenta, la cual puede ser analizada a detalle, a través de la mirada del otro.
Para poder darle un valor más exacto y justo a la fotografía, podemos partir de que lo icónico o la imagen nos dan la posibilidad de plasmar y a la vez develar ciertas representaciones que portamos de los sueños a la vida diurna, así como aquellas de la cotidianeidad que no alcanzamos a reconocer con claridad. Con esto observamos que podemos analizar a través de la imagen, y que además, podemos mostrar aquello que yace en la interioridad del individuo.
Si entendemos que es evidente que somos doblemente icónicos, ante el hecho de que la imagen actúa tanto en nuestra más objetivante realidad social como en nuestra más singularizante experiencia personal”, podremos comprender que es posible dar una interpretación de la experiencia humana, tanto del espacio como de su psiquis, a través del estudio de la imagen.
Como sabemos, una de las herramientas fundamentales del psicoanálisis se basa en la interpretación de los sueños, los cuales, están principalmente estructurados por dos elementos: lenguaje e imágenes, donde existen múltiples registros y se tejen significaciones multidimensionales. Sin embargo, el psicoanalista pone mayor énfasis en las imágenes provenientes de este mecanismo del insconsciente, ya que, además de ser lo más recordado durante el sueño –por encima del lenguaje-, se dice que este “no existe”, ante lo cual, la posibilidad de comunicarnos a través de este es remota.
Comprendiendo la imagen onírica, se puede decir que esta expresa la necesidad esencial del individuo, ya que nos está diciendo algo, lo cual, la vuelve reveladora. Por otro lado, la imagen onírica es la producción de un no sujeto consciente; es decir: la otredad del inconsciente, sin conciencia comunicativa, pero con voluntad de entidad psíquica.
Esto nos lleva a comprender que toda imagen tiene un sentido onírico implícito de modo invariable, ya que forman parte de una producción humana, lo cual, inevitablemente las somete al inconsciente, y además, no solamente expresa pensamientos concretos, sino que apela a lo que existe dentro del individuo –inconsciente-, por lo cual, la dimensión onírica está presente, intencionalmente o no.
Ante esto, podemos comprender que la imagen es una dinámica social e histórica de interpretación, en la que resulta a la vez formada por el ojo que la mira y formadora de la mirada a ella dirigida, estaremos conscientes de que, en este caso, la fotografía, no es un asunto de estricto interés técnico, sino que expande su influencia e interés para el antropólogo, el psicoanalista, el historiador o el sociólogo, dejando de lado las visiones excesivamente textualistas, donde la imagen es entendida como un “objeto”, por aquellas más hermenéuticas, donde intervienen factores y dinámicas sociales.
Para esta exposición escogí fotografías donde la mirada estuviera directamente involucrada, ya que es en estas imaEs importante considerar que la fotografía y el registro que de ella emana a comenzado a pernear diversas áreas que antes estaban vedadas, lo cual explica en cierto modo que esté parado frente a ustedes, tratando de mostrarles la capacidad de aplicación y análisis que puede surgir de las imágenes, y que muchas veces es soslayado...
La tecnología ha posibilitado y ampliado el campo de acción de la fotografía al trasladarla directamente al ciberespacio, insertándola así en lo que se conoce como medios electrónicos. Esta inserción está inicialmente posibilitada por la gran penetración de la Internet en la vida cotidiana y el uso de interfaces y lenguajes cada vez más amigable con el usuario estándar, así como lo que se conoce como hipertexto, es decir, la combinación de diversos tipos de registros en la búsqueda de una nueva posibilidad de crear conocimiento a través de la divulgación de la información.
Respecto al campo de acción fotográfico a nuestros días, es posible entender a la fotografía como un medio y a la vez como un fin en sí misma. Si observamos que puede ser una herramienta que permite explicar, registrar, demostrar o informar, como es el caso del fotoperiodismo, entendemos que la cámara nos está dando la posibilidad de plasmar a través de la subjetividad que encierra el acto fotográfico, -desde la selección de la toma, el encuadre y el momento en que uno decide capturar la imagen y cómo hacerlo-, un acto o una manifestación humana, el cual, adquiere matices al momento de volverse perpetuo, los cuales, podrán ser interpretados a través de otras subjetividades, que aún ante la misma referencia –en este caso, la imagen- pueden hacer sus propias conjeturas de lo que se les representa.
Es decir, la imagen, si bien nos es mostrada a todos con los mismos elementos por un lado, por el otro, ya la misma posición espacial del observador ante la imagen representa el primer acto que interviene en el proceso de reconocimiento ante una nueva subjetividad, lo que pretendo decirles es que es necesario considerar todos los elementos de “ruido” o “ubicación” que intervienen en el acto de observar, si se pretende comprender el porqué muchas veces la identificación, la interpretación y al final de cuentas el reconocimiento que realizamos al observar una imagen, estará influenciado por elementos ajenos a la experiencia, situación o estado emocional de quien la observa.
Para comprender mejor lo que trato de exponerles, es importante considerar que la imagen no representa una esfera aparte de la mirada –o ajena-, ya que estas posibilitan y aportan a la construcción de las imágenes, las cuales a su vez, erigen sus miradas; es decir, las representan. Con esto, es evidente que nos encontramos ante un diálogo constante entre la imagen y el observador. Y es a través del segundo que podemos afirmar que al interpretar las imágenes estamos también participando en un proceso de co-producción de su significación y su sentido. De algún modo somos co-autores de la obra, o si queremos verlo desde otra perspectiva, somos a la vez obra y autores, porque en ella nos representamos.
Si logramos que los elementos ajenos a la imagen intervengan de forma que el sujeto logre retener en un primer momento esa parcialidad estática de la realidad que se le presenta, se verá posibilitado a iniciar una interpretación a través de lo que se representa en la imagen, donde radica un significante, tanto en el orden de la singularidad subjetiva como en el campo de la vida social, es decir, la fotografía da la posibilidad de descubrir dos aspectos fundamentales de la existencia a través del goce estético, si es q este existe en la representación –imagen- de la que somos observadores.
Y aquí es donde se puede comenzar a hablar de la fotografía como fin, que es cuando se crea o produce una imagen con un fin artístico, es decir, sin utilidad alguna más que la del goce visual, a través de la armonía de los elementos que la componen, su creatividad o bien, el impacto que causa en el observador.
Sin embargo, no podemos dejar de considerar que existen obras que un principio fueron creadas con fines prácticos –es decir, como medios para-, y que terminaron siendo reconocidas como arte por su considerable contenido estético. Aquí es donde entra una fuerte discusión, ya que existen personas que no consideran a la fotografía como un arte, sin embargo, no se dan cuenta de que no existe un medio más exacto para resaltar la belleza de la realidad que se nos presenta, la cual puede ser analizada a detalle, a través de la mirada del otro.
Para poder darle un valor más exacto y justo a la fotografía, podemos partir de que lo icónico o la imagen nos dan la posibilidad de plasmar y a la vez develar ciertas representaciones que portamos de los sueños a la vida diurna, así como aquellas de la cotidianeidad que no alcanzamos a reconocer con claridad. Con esto observamos que podemos analizar a través de la imagen, y que además, podemos mostrar aquello que yace en la interioridad del individuo.
Si entendemos que es evidente que somos doblemente icónicos, ante el hecho de que la imagen actúa tanto en nuestra más objetivante realidad social como en nuestra más singularizante experiencia personal”, podremos comprender que es posible dar una interpretación de la experiencia humana, tanto del espacio como de su psiquis, a través del estudio de la imagen.
Como sabemos, una de las herramientas fundamentales del psicoanálisis se basa en la interpretación de los sueños, los cuales, están principalmente estructurados por dos elementos: lenguaje e imágenes, donde existen múltiples registros y se tejen significaciones multidimensionales. Sin embargo, el psicoanalista pone mayor énfasis en las imágenes provenientes de este mecanismo del insconsciente, ya que, además de ser lo más recordado durante el sueño –por encima del lenguaje-, se dice que este “no existe”, ante lo cual, la posibilidad de comunicarnos a través de este es remota.
Comprendiendo la imagen onírica, se puede decir que esta expresa la necesidad esencial del individuo, ya que nos está diciendo algo, lo cual, la vuelve reveladora. Por otro lado, la imagen onírica es la producción de un no sujeto consciente; es decir: la otredad del inconsciente, sin conciencia comunicativa, pero con voluntad de entidad psíquica.
Esto nos lleva a comprender que toda imagen tiene un sentido onírico implícito de modo invariable, ya que forman parte de una producción humana, lo cual, inevitablemente las somete al inconsciente, y además, no solamente expresa pensamientos concretos, sino que apela a lo que existe dentro del individuo –inconsciente-, por lo cual, la dimensión onírica está presente, intencionalmente o no.
Ante esto, podemos comprender que la imagen es una dinámica social e histórica de interpretación, en la que resulta a la vez formada por el ojo que la mira y formadora de la mirada a ella dirigida, estaremos conscientes de que, en este caso, la fotografía, no es un asunto de estricto interés técnico, sino que expande su influencia e interés para el antropólogo, el psicoanalista, el historiador o el sociólogo, dejando de lado las visiones excesivamente textualistas, donde la imagen es entendida como un “objeto”, por aquellas más hermenéuticas, donde intervienen factores y dinámicas sociales.
Para esta exposición escogí fotografías donde la mirada estuviera directamente involucrada, ya que es en estas imaEs importante considerar que la fotografía y el registro que de ella emana a comenzado a pernear diversas áreas que antes estaban vedadas, lo cual explica en cierto modo que esté parado frente a ustedes, tratando de mostrarles la capacidad de aplicación y análisis que puede surgir de las imágenes, y que muchas veces es soslayado...
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